Curiosidad Social

abril 13, 2010

John Howard y el Síndrome de Asperger

Filed under: Uncategorized — J C Rubio Jiménez @ 10:13 am
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John Howard (1726-1790) es uno de los más apreciados filántropos británicos y es considerado como un ilustre precursor entre los grandes defensores de los derechos humanos. En vida alcanzó un hondo reconocimiento entre sus contemporáneos; actualmente, su nombre figura a la cabeza de innumerables prisiones y sociedades que se dedican a promover reformas penitenciarias. Su obra es un clásico de las ciencias sociales. “El estado de las prisiones en Inglaterra y Gales” es el primero de dos volúmenes de que consta la obra de Howard, cuya primera edición inglesa data de 1777.

En 1973, Howard fue nombrado alguacil de Bedfordshire. Como parte de sus deberes, que nadie consideró que se tomaría en serio, inspeccionó una cárcel, y se quedó aterrado por las condiciones de los presos y por el sistema de aportación de cuotas de los prisioneros como pago de salarios a los carceleros.

Desde aquel momento y hasta su muerte, se dedicó a visitar y hacer incesantes y meticulosos diagnósticos del estado en que se hallaban las penitenciarías de Inglaterra y Gales. Así trabajó persistentemente por implantar un conjunto de reformas y pugnó por alcanzar un trato humanitario y digno para los presos.

Aunque no era miembro de la nobleza de sangre, Howard disfrutaba la consideración social de caballero terrateniente. Su padre le dejó una abundante fortuna, fundamentada en el negocio textil familiar y en tierras en el condado de Bedford, dependiendo de su familia numerosos arrendatarios en Cardington. Gozaba, entonces, de una buena posición económica. Vivió en Londres y Bedfordhisre. Y se dedicó algunos años a viajar efectuando de forma obsesiva meticulosas y exhaustivas observaciones meteorológicas.

Haciendo caso omiso de la guerra de los Siete Años, viajó a Lisboa en 1755, para comprobar las consecuencias del terremoto que había asolado la ciudad. En este viaje, fue hecho prisionero por los franceses, y así ,durante dos meses, pudo experimentar las condiciones de los presidios.

20 años después, le nombraron representante de la Corona en Bedforshire. Como hemos dicho le indignaron las condiciones malsanas e insalubres y sobretodo el que los presos se vieran obligados a pagar al centinela por su mantenimiento y su liberación, lo que constituía una evidente injusticia para los que no podían pagar.

Howard estuvo 17 años visitando cárceles, viajando una tirada de 965.000 km por Gran Bretaña, Irlanda y Europa. Inició la transformación de las penitenciarías por medio de sus exhaustivos tratados. No obstante, cuando tuvo la coyuntura de erigir una cárcel nueva, renunció como miembro del comité que se había constituido a tal efecto debido a que las dificultades en el consenso de las reglas no le permitieron comprometerse “ni siguiera en grado mínimo”. En consecuencia, la cárcel no se levantó.

Según los cronistas, la notoriedad de Howard no reside en su valor personal, sino en las observaciones detallistas, en los reconocimientos minuciosos, en los registros exhaustivos y en los informes extensos y meticulosos de todo lo que inspeccionaba. En sus libros incluía exactas estadísticas de sus hallazgos, recuentos que actualizaba continuamente en cada reedición. Su credibilidad se debía a que aportaba dicha información con sinceridad, rigor, veracidad y franqueza en términos objetivos y sencillos, y se abstenía de adornarla o exagerarla.

De su vida privada se conocen pocos hechos, pero algunos de ellos concuerdan y se ajustan con la idea de que podía haber padecido el Síndrome de Asperger, tal y como afirma la prestigiosa Doctora Uta Frith en su libro “Autismo, hacia una explicación del enigma”.

Los biógrafos de Howard informan que llevaba una vida solitaria y ascetica. Se casó dos veces, de joven se casó con su casera, una viuda veinte años mayor que él, que murió dos años después. Su segunda mujer murió de parto, después de un breve matrimonio.

Sus intereses se centraban intensamente en un único tema, y sus actividades eran monótonas y repetivas. Viajaba solo, o con un criado, a los mismos sitios una y otra vez. Iba únicamente a las cárceles y hospitales, y no visitaba ningún otro lugar. En 1790, en uno de sus viajes a Rusia, murió de tifus.

Sus contemporáneos afirman que se comportaba con rigidez y sobriedad, también se apunta que incluso en aquella época esta compostura escrupulosa se consideraban  excesivas y anticuadas.

Tenía una rutina diaria fija, tomaba la misma comida frugal todos los días. Le obsesionaba la puntualidad, nunca llegaba tarde a sus citas. Acostumbraba a mantener en equilibrio un reloj sobre las rodillas mientras conversaba. Cuando llegaba el momento, dejaba de hablar y se marchaba aunque se hallara en plena discusión.

Howard, que se sentía perturbador con su notoriedad, se negó a posar para que lo retrataran. En este sentido escribió a su mentor de toda la vida, Richard Price, pastor de la iglesia unitaria, las siguientes palabras: “Como hombre privado, con alguna peculiaridad, deseo permanecer en la oscuridad y el silencio”.

Price, que reconocía la importancia del trabajo y dedicación de Howard, desempeñó un papel decisivo en conseguir que se publicara su obra.

Según otro biógrafo, las deficiencias de comunicación de Howard únicamente resultan evidentes en sus cartas privadas, puesto que delegó la escritura de sus informes y libros en ayudantes de confianza. Es revelador que un clérigo lo describiera como “el excéntrico pero honorable Jhon Howard”

En las biografías realizadas sobre John Howard abundan los comentarios sobre su personalidad rígida y solitaria. Recientemente el psiquiatra Philip Lucas analizando el material disponible ha llegado a la conclusión de que John Howard padecía el síndrome de Asperger.

Si esto es así, queda totalmente vigente la tesis de Hans Asperger que siempre reclamaba que las personas a las que calificaba de autista tenían mucho que ofrecer a la sociedad, siendo la mejor ilustración de ello el caso de Jonh Howard, pionero de la reforma de las prisiones.

TAREA:

Entre finales de los ochenta y principios de los noventa, surge un gran interés científico por el estudio del Síndrome de Asperger. Entre los estudios más reveladores está el del sueco Christopher Gillberg, que intenta aclarar la nosología del síndrome y su relación con otros trastornos infantiles, en particular con el autismo. Gillberg propuso la primera definición operativa del síndrome de Asperger estribando los criterios de diagnóstico en los escritos de Hans Asperger.

Realiza una semblanza de estos criterios diagnóstico de Síndrome de Asperger y subraya en el perfil de personalidad de John Howard los rasgos que concuerden con estos criterios de Gillberg.

Fuente: Uta Frith “Autismo, hacia una explicación del enigma”.

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